jueves, 31 de marzo de 2016

Robot de cocina

¿Seré capaz siquiera de sacarlo de la caja?

Estoy dado de alta en una de estas páginas de Internet que te mandan de vez en cuándo encuestas, con las que vas acumulando puntos que teóricamente puedes canjear por regalos. Y como tenía unos cuántos y no sabía muy bien qué hacer con ellos, opté por hacerme con uno de estos robots de cocina, que siempre he tenido curiosidad. 

Sinceramente, no tenía mucha fe en que fuera siquiera a llegarme, pero cuando ya me había olvidado de ello (creo que canjeé los puntos allá por enero), la semana pasada me llegó el correo avisando de que ya estaba en camino y el martes ya tenía en mi posesión el paquete.

Ahora toca la maravillosa tarea de leer el manual y enterarme de cómo funciona el cacharro (yo pensaba que valía con meter las bolsas de supermercado y pulsar un botón, pero resulta que no), tratando además de no pegar fuego a la cocina. De momento, lo de conseguir limpiarlo sin que explote parece que he sido capaz. Cuando me vea más seguro me atreveré a intentar cosas más complejas y de cocina avanzada, como, no sé, freír un huevo.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Agente Contrainteligente

Porque traducir el título como "Hermanos de Grimsby", o simplemente "Grimsby" era una locura.

Me gusta el humor gamberro de Sacha Baron Cohen, aunque puedo entender que haya a quien le resulte desagradable su abuso de humor marrón, del que en esta versión cacaculopedopis de Kingsman abusa, para mi gusto demasiado. La película es muy divertida y me sacó la carcajada en más de una ocasión, y aunque no la estropea, es verdad que la brocha que emplea es demasiado gorda y sí que resulta excesivo tanto chiste de culos.

Pero a lo que importa, la película es tronchante, que es de lo que se trata, y así como a ratos tiene unos puntos demasiado fecales, no es menos cierto que hay momentos en los que tira con balas más finas y en otros nos deleita con un humor digno de tebeo de Mortadelo (la resolución meramente deportiva del partido de fútbol la habría firmado con gusto el propio Ibáñez) o directamente absurdo (¡Harry Potter pegándole el SIDA a Donald Trump!).

Bien, esto va de dos hermanos separados en su infancia. Uno (Mark Strong) es un eficiente agente del MI6, un superespía capaz de enfrentarse a todo tipo de peligros internacionales y en definitiva, un 007 calvo. El otro (Sacha Baron Cohen) es un seamos eufemísticos, desfavorecido social, que vive en un barrio de Grimsby, viviendo de las ayudas sociales para mantener a sus 11 hijos y disfrutando de las pequeñas cosas de la vida, sobre todo su pasión por el fútbol. Y cuando los caminos de ambos hermanos se cruzan después de 28 años, una complicada trama criminal les llevará a recorrer medio mundo en su lucha para evitar una terrible amenaza, dejando por el camino un montón de tiros, porrazos y chistes a cual más cafre.

Me ha gustado, pero admito que no es un humor que vaya a gustar a todo el mundo.

martes, 29 de marzo de 2016

Crónica de las #omicron2016 (2)

Balones hacinados en condiciones infrahumanas. La cara oscura de #omicron2016

Siguiendo con el relato de las jornadas, me voy al sábado, en el que tuve que madrugar pero menos, pues tocaba hacer caso a los medios. Primero fue con el periodista de Aiaraldea, que vino a hacer un reportaje en euskera, con cuya entrevista me di cuenta de lo oxidado que tengo el euskera, con lo que me temo que se me escapó alguna que otra patada. Sin embargo, la entrevista fue bien y del reportaje me quedo con la que para mí es la foto de las jornadas, en las que la imagen que se llevó del rol fue la de una partida en la que había un chaval de ventipocos, un rolero de vieja escuela y dos mujeres que habían venido a traer a los niños a la Academia Jedi infantil, habían dejado a los padres cuidándolos y se animaron a probar a ver qué era eso del rol, y quedaron encantadas.

Luego me tocó atender a los del podcast "First Person Gamers" (del jueves olvidé comentar que había estado con los de "El Abismo de Tannhäuser, de la emisora Uhinak Irratia, de Llodio) que vinieron también a cubrir el evento y aprovecharon para entrevistarme. Total, que el sábado me sentí toda una celebridad.

Siguiendo con la mañana del sábado, vulneré uno de mis principios haciendo algo que en las reuniones previas juré y perjuré que no haría ni bajo coacciones, que era enseñar un juego a unos niños. Concretamente el "¡Tiburón!" (prometo que no es una metáfora de "eché unos niños a los tiburones"). 

Por la tarde, nuevamente, tocaba dirigir, pero esta vez una de rol en vivo: La llamada de Ctulhu, con descacharrante resultado. Y tras terminar, era el momento para leer y valorar  los relatos del concurso de Omicrorrelatos. Luego la cena, alguna partida de cartas (me enamoré del Boss Monster) y a por otra de las actividades oficiales de las Ómicron: la fiesta en el pub Amnesia. Muy divertida, con cubatas baratos, lleno de frikis y música adecuada a la ocasión. El punto negro, la permisividad del bar con el tabaco, que me tocó un poco las narices (y leyendo las encuestas de los asistentes a las jornadas, no soy el único al que le molestaba). Pero bueno, por no tenerla, preferí pasar el tema por alto en la medida de lo posible. A la gente de las jornadas sí podía pedirle que por favor no fumara, pero a los que simplemente eran lugareños, me temo que me iban a mandar a paseo, cosa que hizo un gilipollas en el segundo bar al que fuimos, cuando le pedí que por favor no me fumara en la cara...

El domingo tuvo poca actividad, siendo día de despedidas y clausurar las jornadas, siendo yo uno de los oficiantes de la ceremonia, que esperamos fuera del agrado de los asistentes. Y luego llegaba la ardua pero imprescindible tarea de recoger. Por suerte estábamos unos cuántos para ello, y en unas 3 horas ya estaba todo recogido y ordenado. La nota cómica cuando nada más cerrar del todo el frontón, recibo un mensaje preguntando si quedan plazas para pernoctar en las jornadas. Cachondeo general.

Viaje de vuelta, nos reunimos en la lonja para echar un ojo a las encuestas de valoración y tomar en consideración las diversas críticas y sugerencias que nos hacen (lo siento, pero no vamos a poner strippers ni escorts de lujo en las Ómicron de 2017) y finalmente me acabo yendo a casa a morir y dormir 57 horas seguidas.

Reventado, pero con ganas de repetir.

lunes, 28 de marzo de 2016

Crónica de las #omicron2016 (1)

El cuñado del rol opina.

Habiendo recuperado sueño tras este fin de semana tan ajetreado, toca hablar de lo que han sido las jornadas, que me ha tocado verlas desde dentro, una experiencia que me ha gustado más de lo que pensaba, a pesar de ciertos momentos de crisis en los que pensábamos que nos iba a explotar la cabeza.

El miércoles sobre las 20:00 de la tarde cogí el tren a Orduña, me pasé por el frontón donde algunos llevaban ya desde las 5 haciendo el montaje, me fui a la pensión donde me alojaba, dejé las cosas y volví al frontón, que es donde se iban a realizar las jornadas.

Ahí empiezan los primeros problemas gordos, con un momento de crisis cuando nos comunican que no vamos a tener 5 habitaciones para alojar a la gente sino 4, con la consiguiente reducción de aforo, y me encuentro con que el tetris que había hecho para ubicar a la gente en los dormitorios no vale, y hay que hacer otro. ¡Horreur!

Gracias a que algunas cancelaciones de última hora habían dejado huecos, conseguimos apurar el espacio y buscar sitio para todo el mundo. Hecho lo cual, y como al día siguiente toca madrugar, me retiro a la cama.

El jueves por la mañana me toca estar en mesa, inscribiendo a la gente y viendo muchas caras conocidas. Una tarea que se hace agradable, pues la gente llega muy escalonada y estamos unos cuántos para repartir bien el trabajo. No tan agradable fue lo de ir a comer, pues no somos capaces de encontrar en toda Orduña un sitio en el que nos puedan atender, y cuando por fin encontramos uno, nos toca esperar como una hora hasta que nos dan de comer. Rico y a buen precio, pero con el hambre que tenía, me habría comido hasta una silla.

Por la tarde dirijo mi partida "Atrapados en la noche de los tiempos" (descargable aquí), y resulta bastante cómodo, ya que disponemos para ello de una enorme sala en el edificio de la Alhóndiga de Orduña. Por la noche, después de cenar y jugar alguna cosilla de tablero, prontito a la cama.

El viernes otra vez me toca estar en mesa, pero esta vez a las 8 de la mañana. Nuevamente, se hace bastante ágil la cosa y la mañana pasa rápido. Por la tarde, con odisea para comer, pero no tanta, dirijo mi partida de Blacksad: Parque Zoológico. Lamentablemente, como dos de los jugadores tenían que marcharse pronto, me veo obligado a recortar excesivamente la partida.

Y por fin el viernes a la noche consigo jugar a algo. "El retorno de Sir Archibald Dudley", una gamberrada irreverente y profana del rol en vivo, muy cortita y de humor absurdo, secuela de la también gamberra "El dedo del hombre negro" y acto seguido, "Misión Daedalus", también secuela, pero esta vez de "Misión Daedalus". Está claro que estas jornadas me iban a dejar secuelas.

Al acabar los vivos, un poco de juegos de mesa para echar unas risas, sobre todo con el "Cartas contra la Humanidad" (como puede verse, el viernes por la noche me dejé la corrección política en casa) hasta que a las 3 o así opto por retirarme, que el sábado por la mañana no tenía turno, pero sí otros quehaceres.

Mañana sigo.

domingo, 27 de marzo de 2016

Vuelta a casa tras las #omicron2016

Triste y lloroso se queda el frontón.

Por fin vuelvo a casa, después de haber estado 5 días en Orduña organizando las jornadas Ómicron. Y, aunque físicamente reventado, digo, con el corazón en la mano, que lo de montar jornadas ha sido una de las experiencias más bonitas que he vivido como aficionado a esto del rol, los juegos y tal. 

Naturalmente, nada de esto habría sido posible sin el resto de compañeros de Ábaco (y satélites), ya que entre todos hemos sacado adelante un proyecto muy bonito, y aunque pensaba que después de las jornadas iba a estar deseando perderles de vista por un tiempo, me doy cuenta de lo importante que es para mí esa banda de cazurros frikis. 

Aunque suene a discurso de borracho, prometo que lo estoy escribiendo competente sobrio. Mañana me explayo más.

miércoles, 23 de marzo de 2016

¡A Orduña!

En busca de Abaquito.

En un par de horas salgo hacia Orduña, sede de las jornadas Ómicron 2016, en lo que será mi debut como organizador de eventos. Empiezan mañana, pero como tengo que estar de turno a las 9 de la mañana, pues mejor hacer hoy el viaje en tren y dormir tranquilamente allí.

Sin saber todavía muy bien dónde me he metido y por qué, estoy entre las ganas de hacer algo chulo y el miedo a que nos desborde, o a no dar el resultado que la gente espere. Será raro ir a unas jornadas a currar y no solo a jugar o dirigir partidas, pero sin duda será interesante verlas desde el otro lado, y quiero pensar que la experiencia de años yendo a jornadas organizadas por otros me habrá enseñado muchas lecciones que me serán útiles en estas.

¡Hasta el domingo, Bilbao, hola Orduña!

martes, 22 de marzo de 2016

El regalo

Hay regalos que son una putada.

Matrimonio que se traslada a una nueva casa, todo un clásico. Este matrimonio tiene un vecino encantador que al principio es más majo que las pesetas, pero que luego les hace la vida imposible, otro clásico. En este caso no es un vecino, sino una persona que, de alguna forma, conecta con el pasado de uno de ellos este thriller empieza así, con un tipo muy amable que colma de regalos a la pareja protagonista.

Como puede deducirse, la cosa va pasando del desconcierto a lo molesto (ese incómodo momento en el que hay que rechazar la amistad de alguien que, sin que le hayamos dado pie a ello, nos la ofrece de mil amores pero que por ser tóxica se rechaza) y poco a poco en el terreno de lo perturbador, y mostrando poco a poco que las cosas no son lo que parecen. O sí, que a veces las cosas pueden ser lo que parecen, pero no solo lo que parecen. De hecho al final uno se puede quedar con la duda de quién es el verdadero villano de esto y quién la víctima.

Resulta raro, al menos para mí, ver a Jason Bateman, acostumbrado a verle en el papel del simpático Michael Bluth de Arrested Development, haciendo aquí de capullo trepador, pero da el pego. La película, aunque a veces puede llegar a ser un tanto inverosímil con tanto plan tan maquiavélicamente urdido, mantiene la tensión y el interés, y logra mostrar las cosas desde el punto de vista de cierto personaje que es, cuando menos, éticamente cuestionable. Pero no diré de cuál.

lunes, 21 de marzo de 2016

LEGO: El señor de los anillos

Enfrentados al más simpático de los señores oscuros.

De Lego hay muchos videojuegos y de la saga de Tolkien también unos cuántos (unos mejores que otros), por lo que no era difícil imaginar que lo hubiera combinando ambas cosas. Y el resultado es un simpático juego con elementos de puzzle (buscando sinergias entre las habilidades de los personajes), arcade y plataformas, que recrea fabulosamente las películas de Peter Jackson, pero con el encantador y divertido toque de Lego.

La Comunidad.

El juego es bastante sencillote, lo que puede ser una desventaja para algunos (para mí eso es una bendición), pero es también largo de narices. La historia principal, que es básicamente hacer lo mismo que en las películas se puede hacer en bastante poco tiempo, pero si queremos sacar el 100% buscando objetos, personajes secretos y cosas así, nos puede llevar mucho tiempo, pues la historia principal es simplemente en torno a un 25% del juego, teniendo con el modo libre todo un mundo (la Tierra Media) para explorar, pudiendo pasear por Minas Tirith con Gollum o mandando a Denethor a aporrear orcos a Moria, por ejemplo. Y todo esto mientras recogemos las monedas de Lego, que nos permitirán comprar los personajes que vayamos desbloqueando o alcanzar el 100% en cada nivel.

Y lo mejor: las cinemáticas que introduce entre las misiones, que son como volver a ver la película (con las voces originales, por cierto), pero con la amable y a veces tronchante estética de Lego. Aquí se pueden ver del tirón, y como se aprecia, dan para un buen rato.

La frase "¡qué majo!" fue muy repetida al ver las escenas.

domingo, 20 de marzo de 2016

Último fin de semana antes de #omicron2016

Kit de organizador de jornadas.

La cuenta atrás está cercana a su fin, y dentro de 3 días ya estaré allí, velando armas para empezar las jornadas. Esto nos permite deducir que gran parte de la actividad del fin de semana ha tenido que ver con este evento. Concretamente el viernes, que tras un rato de cine (la ayer mencionada Calle Cloverfield 10) tocaba reunión formativa para aclarar los temas organizativos importantes, plantear dudas que pudieran surgir, etc. Con una divertida dinámica de grupo para simular la casuística que nos podemos encontrar.

El sábado por la mañana tocaba hacer más cosas de las jornadas. Concretamente ir a San Ignacio a recoger los ordenadores que amablemente nos cede uno de nuestros patrocinadores y llevarlos a la lonja, antes de salir hacia Miribilla donde había algo no relacionado con las jornadas; el partido que medía al Bilbao Basket y el Retabet Gipuzkoa.

Del partido realmente poco que contar, pues no tuvo mucha historia. Ganó Bilbao Basket 90-81 pero fue un partido bastante malo, dado que el rival, en horas bajas, ofrecía un nivel exageradamente bajo. Bien porque ganamos, pero llegó incluso a hacerse un poco aburrido. Y al acabar el partido, de nuevo a la lonja, para echar un ojo al sistema informático de las jornadas.

Hoy poca historia, con una mañana de ordenador, tele y vagueo y una tarde de juegos de mesa. La calma que precede a la tempestad...

viernes, 18 de marzo de 2016

Calle Cloverfield 10

¡Como te pongas tonto, te nomino!

Como el título sugiere, este película es más o menos una secuela de la desastrosa e inexplicablemente endiosada Cloverfield, y logra sobrepasar holgadamente el nivel de su predecesora, a pesar del no muy glorioso desenlace que sigue a un interesante planteamiento y un más que correcto desarrollo. El final, que tranquilos, no voy a contar aquí, no es especialmente malo pero sí excesivamente inverosímil y me daba la impresión de chocar demasiado con el tono de la película. Se ve que está orientado a llamar a las puertas de una nueva saga.

Si en la anterior nos contaban, cámara en mano la destrucción de Nueva York a manos (o garras) de un monstruo gigantesco, primo hermano de Godzilla y cuñado de Cthulhu, aquí prescinden del found footage, usando una estética más convencional para contar la historia de una chica (la siempre encantadora Mary Elizabeth Winstead) que al comienzo de la crisis alien/bicho/primigenio sufre un accidente y despierta en el bunker de un fanático de la supervivencia, interpretado por el siempre enorme y aquí perturbador John Goodman.

De ahí, un thriller claustrofóbico que mantiene un ritmo aceptable durante la película, quizás con demasiadas concesiones al espíritu de McGyver, pero con alguna escena impactante (como la que pone fin a la escena de la foto) y que consigue no estrellarse del todo en el desenlace.

Aprobada.